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Tomad y bebed, crónicas de militancia

 


Por: Harold García Pacanchique

A 35 años de la llamada masacre de la leche ocurrida en los cerros surorientales de la ciudad de Bogotá, Alejandro Cabezas Guerrero, docente de ciencias sociales e investigador egresado de la Universidad Pedagógica Nacional y especialista en Ciencias Políticas de la Universidad Sergio Arboleda, presenta el libro Tomad y bebed: Crónicas de militancia, una de las piezas narrativas que mejores expectativas ha generado en referencia a este hecho histórico acaecido el 30 de septiembre de 1985.

El semanario VOZ se reunió con el autor de esta historia, quien durante ocho años recopiló información, se acercó a los sobrevivientes y familiares de los diez protagonistas que siendo militantes de dicha organización guerrillera perecieron en la huida de la acción realizada en los barrios San Martín de Loba, Las Malvinas y Guacamayas, tras la recuperación de un camión repartidor de leche, el cual contenía alrededor de 5.000 bolsas del lácteo que se le entregarían a los vecinos de estas invasiones periféricas del sur de la ciudad.

Amor militante

-¿Cómo nace la intención de hacer esta investigación sobre la masacre de la leche o la masacre del suroriente de Bogotá?

-Primero hay una cercanía con el M-19 por algunos familiares que hicieron parte de esta organización, además me dediqué sobre todo en los tiempos del pregrado a investigar sobre este periodo histórico y en especial sobre esta organización. El caso de la Masacre de la Leche fue una coincidencia, porque cuando estaba terminando mi pregrado, mi tutora me hizo entrega de un documento que había realizado el profesor Carlos Parra sobre este caso, yo en realidad lo engaveté muchos años, después me dio por leerla para saber de que se trataba y claro me pareció una cuestión importantísima de investigar, pero no desde el campo académico solamente, porque ya se ha escrito en realidad bastante, para colocar dos ejemplos se encuentra el escrito del mismo Carlos Parra y el de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Por ello me centré en la crónica de una historia de amor militante. A uno de los muchachos cuando le hacen el levantamiento le encuentran una carta de amor en el bolsillo y su novia, su compañera, muere dos cuadras más arriba. Eso me impactó y dije esta vaina tiene que ser contada.

-Cuéntenos un poco de esa relación que hay entre militancia y amor que usted refleja en su libro.

Eso creo que es el elemento clave que quería dejar para las nuevas generaciones, sobre todo porque estas fueron unas generaciones que estuvieron deformadas en su pensamiento por los medios de comunicación imperantes, que hacen entender que los militantes llámese de una organización armada, o de una organización política sin armas, son unos muñecos que no sienten, que son máquinas para matar y no es así. La investigación que elaboré durante ocho años, lo que me demostró es que estos eran muchachos que tenían sueños, que querían ser profesionales, que tenían familias, que les gustaba el fútbol, que le gustaba bailar y tomarse sus tragos.

Es eso, es la humanización de la guerra, es un elemento bastante importante, que no solamente debe ser analizada desde el Derecho Internacional Humanitario, sino desde el análisis del ser humano, un ser humano latinoamericano, colombiano que quiere vivir bien.

Juventud en la mira

-Justamente en septiembre, mes en el que se conmemoraban 35 años de los hechos que inspiraron su libro, en Colombia se desató un estallido social donde ocurrió una masacre que dejó una decena de personas muertas, la mayoría jóvenes, ¿qué piensa usted sobre esto?

-Evidentemente existen varios puntos que están en común 35 años después, uno de ellos es la brutalidad policial, eso quiere decir que no es un hecho aislado como lo dijo el comandante la Policía o lo han querido salir a decir los políticos, que son manzanas podridas, ¡no! Evidentemente sigue siendo una política de Estado el aniquilamiento de la juventud.

La juventud sigue siendo considerada enemiga o un grupo peligroso, entre más disperso se les tenga muchísimo mejor, de allí la importancia de las redes sociales, porque la masa es peligrosa para el poder y si es joven, lo es mucho más.

Entonces el debate sigue en pie y no es una cuestión aislada lo que ocurrió en Bogotá, pues no es un problema de hace dos o tres meses, ni siquiera de la época de la seguridad democrática en el gobierno de Álvaro Uribe, sino que es un problema de hace más o menos unos 40 años, cuando se comenzó a instaurar la Escuela las Américas, el estatuto de seguridad con el gobierno de Julio César Turbay y la doctrina de la Seguridad Nacional.

Vencer y vivir

-Usted nos ha comentado que publicar en Colombia es difícil, quizá porque hay un país al cual se le ha negado la lectura, un país al cual se le han negado las posibilidades de acercarse a la cultura, ¿qué piensa usted como autor sobre estas circunstancias?

De unos años para acá se escogieron unos temas tabúes y unos temas que son best seller como narcotráfico, el traqueteo y la prostitución, lo que ha fortalecido esa visión de narcocultura que nació después de la muerte de Pablo Escobar. Las editoriales se casan con esos temas porque terminan favoreciendo sus ventas. Existen otros libros que muestran la Colombia real y que se han tipificado como peligrosos, creándoles una idea falsa que no son comerciales y no tienen salida.

Particularmente en este caso, el editor del libro fue la Editorial El Búho, que trabaja temas filosóficos desde hace más o menos 40 años en Colombia. Creo que los temas de memoria historia están tomando fuerza, porque quiéranlo o no hay una juventud que está dispuesta a conocer qué fue lo que pasó.

-¿Qué le dice usted a la juventud que hoy se está atreviendo a soñar una Colombia diferente, como quizás también soñaban estos diez jóvenes del M-19 y éste civil que caen en esta masacre?

Yo les tengo que decir que no dejen de soñar y salgan a pelear, si nosotros no salimos a pelear estamos jodidos. Cuando me sentaba a escribir este libro no solo lo elaboré al son de una investigación acerca de ellos, sino a partir de un ejercicio autobiográfico de todo mi proceso, de cuando hice parte del glorioso Partido Comunista, después cuando hice parte de otro tipo de estructuras, el mismo proceso de la universidad pública.

Hoy que tengo un hijo de diez años, creo que vale la pena sentarse a contarle que uno luchó por este país y no se quedó sentado. Eso es lo que les quiero decir, salgamos a pelear, pero prioricemos la vida, porque la vida nos necesita, ese cuento de patria o muerte, sí claro es bastante heroico, pero es mejor vencer y vivir.

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