Ir al contenido principal

Nada podrá detener la marcha de la historia

Por: Harold García-Pacanchique

“El Moncada nos mostro el camino a recorrer
y desde aquel alto ejemplo para nosotros siempre es 26”

Carlos Puebla.


La historia a la que a continuación usted se enfrentará, será la de una derrota que enseñó que cualquier altibajo en la lucha revolucionaria se puede convertir en una victoria de alto calibre político y militar; pues tajantemente como lo indico Fidel Castro en el año de 1973 en la conmemoración del décimo segundo aniversario del asalto al cuartel Moncada, “El Moncada nos enseñó a convertir los reveses en victorias.  No fue la única amarga prueba de la adversidad, pero ya nada pudo contener la lucha victoriosa de nuestro pueblo". Es decir que dicho suceso no solo indicó el camino de lo que sería la Revolución Cubana, sino que demostró que nada podrá detener la marcha de la historia. 

 El golpe de Estado

La mayor de las Antillas, ubicada en el mar caribe, a unas noventa millas de los Estados Unidos, era utilizada como el centro vacacional, de ocio y prostíbulo de los millonarios de su marítimo país vecino, que no solo veía a esta pequeña isla como su lugar de esparcimiento, sino que tenia una política diseñada para dicha neocolonia que descontenta por los malos tratos del vecino invasor y sus lacayos nacionales, esperaban con prontitud las elecciones de 1952, en las cuales guardaban las esperanzas de un cambio democrático que garantizara las reformas necesarias que pusieran un rumbo soberano y digno para el pueblo de la estrella solitaria, dado a que las políticas imperiales y los malos gobiernos locales la habían sumido en una abrumadora pobreza; en cifras de la época el portal Cuba debate evoca que,

“La mayoría de la población cubana vivía en la pobreza. De algo más de 6 millones de habitantes, 3 millones 500 000 vivían en cabañas y barracones, sin las menores condiciones de habitabilidad; más de 600 000 con aptitudes para el trabajo no tenían empleo; 3 millones de personas no disfrutaban de luz eléctrica; 37,5 % de la población era analfabeta; 70% de los niños en las zonas rurales no tenía maestros y el 95% estaba afectado por parasitismo. La mortalidad en este grupo etario, era muy alta y el promedio de vida muy bajo”.

A esta realidad se le sumaria el golpe de Estado liderado por el coronel Fulgencio Batista, quien siendo candidato para las elecciones de dicho año y ubicándose en el tercer lugar de las encuestas, detrás de Roberto Agramonte del Partido Ortodoxo y Carlos Hevia del Partido Auténtico, decide asestar una acción militar anti constitucional el 10 de marzo que acabara con el sueño que guardaban los cubanos en la posible elección del candidato del Partido del Pueblo Cubano (ortodoxos). Agrupación política en la que militaba un joven que cobrara relevancia en las palabras posteriores Fidel Castro. 

La preparación del asalto

El 28 de enero de 1953, las calles de La Habana se colmaron de estudiantes, trabajadores y jóvenes que en repudio a la dictadura instaurada por los militares golpistas y en homenaje al centenario del nacimiento del apóstol de la independencia cubana, José Martí, llevaron un grito de rebeldía a cuestas que terminaba con el acto simbólico de la incineración de la constitución política de 1940.

Estas movilizaciones populares alertaron al tirano y la represión no se hizo esperar, lo que produjo que muchos de estos jóvenes de manera clandestina se organizaran en células de combate, en especial los que pertenecían al sector juvenil del Partido Ortodoxo, entre los que se destacaban Fidel Castro, Abel Santamaria   y René Miguel Guitart (Renato), quienes en palabras del primero eran los únicos conocedores del plan general del asalto a los cuarteles Moncada en la ciudad de Santiago capital de la entonces provincia de Oriente y el cuartel Carlos Manuel de Céspedes ubicado en Bayamo en cercanías de Santiago. 

Tras el planteamiento del operativo y la intención de asestar un golpe sorpresivo que produjera un levantamiento popular, los tres jóvenes se organizaron con la intención de encontrar armas, recursos móviles, lugares de entrenamiento y reclutamiento de militancia rebelde; para ello relata Fidel que tanto Renato como Abel, suplieron todos sus gastos económicos en cuanto a movilidad y vida cotidiana correspondían, para lograr que Castro desempeñara todo su tiempo a la organización pormenorizada de la acción.

A su vez este cuenta que las armas fueron conseguidas en campos de tiro y en armerías de La Habana, las cuales se compraron y adquirieron por medio de licencias falsas. Así mismo, los jóvenes se hicieron de uniformes militares que fueron facilitados por un enfermero del hospital militar de Columbia de nombre Florentino Fernandez, quien se los compraba a los soldados que asistían al centro medico y los cuales fueron determinantes para que la acción produjera el mayor tipo de sorpresa e impacto, atribuyéndole a esta condición que todos los asaltantes llevan presillas de sargento, haciéndole creer a quienes se encontraban en las fortalezas militares que se trataba de una insurrección liderada por las propias fuerzas militares. 

En cuanto al traslado de las armas el papel de Melba Hernández Rodríguez de 31 años y la ama de casa Haydée Santamaría Cuadrado de 25 años; ambas del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) y primeras militantes de lo que sería la llamada Generación del Centenario (organización originaria del M-26-7), fue determinante puesto que se encargaron de llevar las armas en tren de La Habana hasta Santiago, experiencia que en detalle cuenta Fidel y en la cual destaca como uno de los militares que custodiaba la estación de la capital de la provincia de oriente acudiría a brindarle ayuda a estas rebeldes mujeres que iban con pesadas maletas de viaje. 

El Asalto

Ocupar las instalaciones del Cuartel Moncada e impedir el apoyo militar más próximo que se ubicaba en Bayamo donde reposaban las instalaciones del Cuartel Carlos Manuel de Céspedes, significaba tener el control de la segunda ciudad de la isla y la cual estratégicamente se encontraba próxima a la zona montañosa más importante del país, la conocida Sierra Maestra. 

El Asalto al cuartel Moncada se produjo a las 5:15 de la mañana donde los primeros tiros se empezaron a sentir con mayor rigor producto de cinco minutos más tarde; la fortaleza militar contaba en ese momento con 500 hombres en armas mientras los rebeldes tenían una fuerza de 120 hombres y dos mujeres; que tras un fogueo inmediato y confusión total, darían la batalla permanente durante un par de horas, no logrando el objetivo principal tras no poder ingresar como lo pensaban al Cuartel de manera inmediata. tras los tempranos disparos que alertaron a toda la tropa y a la ciudad entera tras el ruido ensordecedor de las incesantes sirenas de alarma, según cuenta el propio Fidel.

La derrota era inminente los jóvenes rebeldes no contaban con un armamento que les permitieran ingresar por la fuerza a las instalaciones militares lo que hizo que estos en voz de mando de su comandante Fidel Castro Ruz emprendieran huida, en la cual van a ser capturados estos. El saldo de bajas en combate de los 162 rebeldes que incursionaron en la operación fue de ocho bajas en combate directo y 50 ejecuciones tras captura perpetuados por las fuerzas batistianas. 

La historia me absolverá

Tras el fallido asalto, el jefe de la operación así como sus compañeros fueron juzgados por tal suceso, lo que produjo que Fidel, abogado de 27 años de edad precediera su defensa ante el tribunal de Santiago de Cuba, en donde dicho va a pasar a la historia por ser una de las defensas más prodigas que se conozcan en la historia de la mayor de las Antillas, convirtiéndose esta en el programa político que años más tarde constituirá el Movimiento 26 de Julio, uno de los elementos a resaltar de esta defensa política y jurídica que el mismo titula como “La historia me absolverá” tiene que ver con la autoría intelectual del asalto al cual el joven Fidel le atribuía a José Martí, allí dice, “de igual modo se prohibió que llegaran a mis manos los libros de Martí; parece que la censura de la prisión los consideró demasiado subversivos. ¿O será que yo dije que Martí era el autor intelectual del 26 de Julio?” Dando inicio así a un camino que durante 8 largos años de lucha guerrillera con cientos de flujos y reflujos, contribuyeron a sellar la independencia definitiva de Cuba el 1 de enero de 1959.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Lo que le falto al compañero presidente

Por: Harold García-Pacanchique Cuando llega el 11 de septiembre, todos hablamos de Allende. De cuando el cobre pertenecía al pueblo y la vía electoral por primera vez en nuestro continente, había sido funcional para gestar los cambios estructurales necesarios en la construcción una sociedad socialista. Ver las imágenes de Allende celebrando la victoria en 1970, rodeado del pueblo  y diciéndole “hoy nos vamos de esta plaza porque mañana inicia un nuevo rumbo en la historia de Chile”, alegra y pone a su vez nostálgicos no sólo a los chilenos sino también a los latinoamericanos que quisiéramos tener de compañero a nuestro presidente. Salvador Allende vence en las elecciones de 1970, tras  haber sido candidato a la presidencia de Chile tres veces antes. El fortalecimiento de escenarios de unidad fue lo que llevó a conformar la Unidad Popular, dónde confluían los partidos y movimientos chilenos de izquierda; entre ellos las tres fuerzas más importantes del ...

El “Ñaño” Jaramillo y los comunistas ecuatorianos

Por: Harold García-Pacanchique Julio Alfredo Jaramillo Laurido nació el 1 de octubre de 1935, en un pequeño departamento ubicado entre las calles de Gómez Rendón y Villavicencio, en el centro de la ciudad de Guayaquil, hijo de Juan Pantaleón Jaramillo Erazo y Apolonia Laurido Cáceres, matrimonio que daría vida a José “Pepe” (1933) y a Julio (1935), los hermanos Jaramillo que descrestarían a las huestes de los boleros y los pasillos de la década de los sesentas. Julio, de familia humilde e hijo de una enfermera viuda, (puesto que cuando éste era apenas un niño, su padre Don Juan, perecería en un accidente laboral realizando una cruz para la pequeña hermana de los Jaramillo, que moriría a muy temprana edad), dedicó sus primeros años de infancia a las travesuras y a la indisciplina escolar, lo que llevó a que abandonara sus estudios. A los Jaramillo, la música llegó de la mano de Pepe, el hermano mayor de Julio, a quien algunos bohemios y viejos comunistas de Pichincha, le atrib...