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Del Frente Unido del pueblo colombiano al nuevo partido de las FARC-EP


Por: Harold García-Pacanchique

Ya son más de 50 años de lo que fuese la fundación del Frente Unido del pueblo, plataforma dirigida y organizada por el sacerdote y guerrillero Camilo Torres Restrepo, escenario de convergencia que irrumpió en el panorama político frente nacionalista de la agitada década de los sesenta en Colombia. Experiencia que al sol de hoy trae algunas discusiones y propuestas que se asemejan y posiblemente puedan potenciar la nueva apuesta política de las Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), nuevo nombre con el que se presentara una de las insurgencias más antiguas del hemisferio occidental y con la cual el gobierno colombiano llegó a un acuerdo de paz el 24 de noviembre del 2016 en el teatro Colón de la ciudad de Bogotá.

La construcción de un nuevo partido que logre ganar a las mayorías incrédulas del desgastado sistema político-electoral colombiano es un reto al cual hoy se enfrentan las nuevas FARC y por lo tanto al que tendrán que saber interpretar para no caer en falsos vanguardismos o para simplemente terminar siendo una minoritaria propuesta que no logre conectar a los colombianos con sus planteamientos.

En esta tarea existen diversos elementos que juegan un papel importante, entre los que se encuentran la funesta maquinaria política y electoral de los uribistas que como principio programático tienen en la mira la destrucción del acuerdo de paz y la antiquísima división de los sectores progresistas y revolucionarios en Colombia.

Las palabras expresadas por Rodrigo Londoño (Timo), comandante en jefe de las FARC-EP, fueron explícitas en este sentido: unidad, lucha de masas y reconciliación nacional; tareas inmediatas que ponen a esta fuerza política en un trabajo casi que de casa a casa, para en primera medida desmentir la negativa mediática creada por los medios y seguido para irrumpir con potencia en las grandes ciudades y sobre todo para poder ser una apuesta atractiva para los sectores juveniles del país.

«Nada es fácil en el mundo político, mucho menos la actividad revolucionaria. El régimen y el sistema no están hechos para nosotros, pero estamos inmersos en ellos y dispuestos a cambiarlos.

Requeriremos de cabeza fría y de masas que nos respalden en todos los espacios. Nuestra misión fundamental será ganarlas, sin ellas el adversario hará lo que quiera con nosotros, sin ellas no lograremos cambiar nada», afirmó Londoño en la instalación del congreso constitutivo del nuevo partido. Al escuchar estas palabras de uno de los formados por Manuel Marulanda y Jacobo Arenas, trae al recuerdo colectivo las palabras de Camilo en el mensaje al Frente Unido en el cual aparece permanentemente que el tema de la unidad y la lucha de masas. Éstas son un reto que a los revolucionarios se les debe convertir en imperativo y más en este momento en que se está entrando en un proceso de ampliación de la democracia como el que deviene del acuerdo de paz entre el gobierno nacional y las FARC-EP.

Camilo para el año de 1965 en su mensaje al Frente Unido sentenció: «De ahí nuestra insistencia en la unidad de los revolucionarios. Porque sabemos que las etapas que se avecinan serán infinitamente más difíciles que las que hasta ahora nos ha tocado vivir y que si no luchamos todos unidos, corremos serio riesgo que el dolor causado al pueblo sea mucho mayor». Parece entonces que esta necesidad de la unidad es imperiosa en este momento en el que la llamada Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común propone a través de Londoño un movimiento de movimientos en el que converjan las diversas tendencias progresistas del país para el 2018-2022. «Impulsaremos una gran convergencia nacional, la conformación futura de un movimiento de movimientos que agrupe las más diversas propuestas de superación de la gran crisis nacional por medios pacíficos y democráticos. Lanzamos desde ya nuestra propuesta de un gobierno nacional de transición para el período 2018-2022».

Acercándonos un poco más a las propuestas de la plataforma del Frente Unido del pueblo y a las tesis que se discutieron en el congreso constitutivo del nuevo partido, las semejanzas demuestran que por más de 50 años el sistema político colombiano no ha tenido grandes transformaciones en el fondo y que el origen programático de la lucha armada en Colombia aún es vigente. Elementos como la participación real de la mujer, la inminente y necesaria reforma agraria, la reforma urbana y la transformación de la política militar son argumentativamente elementos que se encuentran casi que transcritos de un documento a otro y esto es de entender, puesto que la maniquea política en el país casi que se ha enquistado y se ha vuelto inamovible por más de medio siglo.

Proponer en paralelo estas dos propuestas pretende en primera medida comparar dos experiencias que pueden lograr ser un eje articulador del movimiento popular colombiano, demostrar que la lucha por la paz en Colombia tiene un componente netamente democrático y que hace más de 50 años se han exigido transformaciones que hasta el momento actual no se han producido.

Leer la experiencia del Frente Unido y visualizar a las FARC en este nuevo momento nos demuestra que en Colombia se hace necesario un escenario que logre unir a los colombianos en la diversidad. La construcción de ese partido de nuevo tipo tiene que trasegar las tradicionales formas de practicar la política. Para las FARC tendrá que ser un reto en este momento como lo fue para el Frente Unido, dejar el vanguardismo mediocre que algunos intentan imponer y así lograr que se ponga al frente más que su slogan, las necesarias luchas del pueblo colombiano. En este sentido la plataforma del Frente Unido fue clara: «el aparato político que se organice debe buscar al máximo el apoyo de las masas, debe tener una planeación técnica y debe construirse alrededor de los principios de acción más que alrededor de un líder para que se evite el peligro de las camarillas, la demagogia y el personalismo».

Solo queda entonces por esperar que en los próximos dos periodos en donde las FARC podrán tener participación directa en el Congreso de la República, puedan demostrar su capacidad política y organizativa logrando con esto que el país de cuenta de que es un partido que le da importancia a sus bases definiendo a la vez que estás cumplen un papel determinante en la participación y toma de decisiones al interior del partido.

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